miércoles, 02 de junio de 2010
El ojo de cualquier tormenta es la zona de aparente calma que lleva en poco tiempo a volver a entrar en la tempestad, las tormentas, por lo menos las grandes, son grandes anillos de vientos, humedades y cargas eléctricas. Y este anillo que gira a gran velocidad, a su vez se desplaza sobre la superficie del globo terrestre.

Cuando uno se encuentra en el ojo del
huracán, está dentro de esa zona de aparente calma; el sol brilla, el viento es una ligera brisa, o incluso está en total calma. Si la tormenta es lo suficientemente grande (y por lo tanto su ojo también), uno no tiene ni idea de que volverá a estar en poco tiempo metido de lleno en la fuerza desatada de la naturaleza.

En pocas palabras, con los datos que un ser humano maneja en ese corto
periodo de tiempo, la conclusión a la que llegará será que la tormenta ha pasado, que ya puede salir de su escondite y pasear tranquilamente. Y estará totalmente equivocado, de hecho si la tormenta es poderosa, estará tremendamente equivocado, y pondrá su vida en grave riesgo.

Las personas solas no, pero el ser humano tiene la capacidad de
prever en alguna medida la evolución de estos fenómenos. De crear complejos sistemas de simulación matemática, incluso de poder ver las tormentas en su conjunto y medir en tiempo real su velocidad de giro y de desplazamiento. Para ello la humanidad ha gastado ingentes cantidades de recursos, mentales, humanos, software y hardware, dotando al planeta que nos soporta de una simple y primitiva red sensorial: Balizas en el mar que miden la velocidad del viento y el tamaño de las olas, y mandan sus datos en tiempo real a las redes. Estaciones meteorológicas que miden todos los parámetros que conocemos del estado ambiental y aportan esa información. Satélites en órbitas geosincronicas o geoestacionarias que examinan en varias longitudes de onda la atmósfera terrestre y miden los tamaños de las nubes, sus velocidades, direcciónes, evoluciones en suma.

Todos estos datos luego son procesados por un elevado número de entes
calculadores, tanto humanos como digitales, meteorológos, trituradoras de números e incluso modestos ordenadores personales, para intentar prever dentro de nuestras posibilidades donde va esa tormenta, o mejor aun, cuando se va a crear y que fuerza va a tener.

Ahora podemos volver a nuestro ojo del
huracán, y volvemos a mirar el cielo, pero ya no lo hacemos con el ojo desnudo como antes, ahora podemos contar con algo tan simple como un receptor de radio que nos va a informar de lo que se preve que ocurrirá a continuación, todo un avance que nos puede salvar la vida.

Podemos ser mas
Geeks y optar por mirar el mundo a través de las redes (si no han caído por la tormenta), entonces varios miles de paginas webs nos informarán del estado del tiempo, lamentablemente obtendremos informaciones contradictorias unas a las otras, con lo que tendremos que discernir entre lo serio y lo que está ahí sin ningún tipo de control.

Avanzando un poco más en el tiempo (quizá meses, desde luego como mucho años), nos podemos encontrar con mirar el cielo con un dispositivo de realidad aumentada[1]. Podríamos hablar por ejemplo de un
móvil con Android (esa preciosa versión de Linux para moviles creada para la comunidad por Google). Podemos apuntar con la cámara del móvil al paisaje, teniendo el GPS activado y este nos informaría de lo que no podemos ver simplemente con el ojo, humedad ambiental en la zona en la que estamos, velocidad del viento, previsión para las próximas horas de hacia donde va la tormenta, etc.

Si
avanzaramos más en el tiempo, y en ese lapso no nos hubiesemos cargado el planeta a base de polución y corruptelas políticas, el dispositivo podría ser perfectamente unas gafas con aspecto convencional que daría la información antes expuesta.

También serían útiles en caso de catástrofe de cualquier tipo para indicarte donde está el refugio más cercano, cual es la vía de escape más segura, o indicar de tu posición a los equipos de rescate una vez que la desgracia ha conseguido alcanzarte.

Esto no es un escenario de ciencia ficción, es algo que ya está entre nosotros, al menos como
embrión, y todos sabemos lo poco que cuesta en tecnología que los embriones crezcan y se hagan adultos, siempre que cuenten con el respaldo de las masas, y en consecuencia del mercado.

La lastima es que para entornos que deberían ser más conocidos, como es la mente humana, no tenemos nada que se parezca. Nuestra red sensorial es mucho más compleja (¡ Ordenes de magnitud !) y nuestro procesador de datos es hoy por hoy el sistema más sofisticado del universo conocido, pero con todo eso, muchos de nosotros somos incapaces de ver cuando estamos en el ojo del
huracán social.

Cuantas personas nos equivocamos constantemente al relacionarnos con otros seres humanos, no vemos la borrasca cuando se avecina. Ya nos estamos mojando y viendo como caen las gotas del cielo; la humedad se carga de estatica y huele a ozono, pero seguimos pensando que hace buen día, y que lo malo que nos está pasando será algo transitorio.

Incluso muchos de nosotros somos incapaces de ver cuando estamos dentro del
huracán, lo cual ya tiene más delito. La capacidad de autoengaño de la mente humana es enorme, casi inconmensurable, y es posiblemente mayor que la capacidad que tenemos de ver la realidad tal y como es.

En definitiva, no me importaría que inventaran un dispositivo de realidad aumentada que me dijera cuando estoy haciendo el gilipollas, o cuando simplemente estoy
comportandome con normalidad. [2]



[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Realidad_aumentada
[2] Dícese cuando uno se comporta de forma no dañina para sí mismo ni para los demás, esté bien o mal visto por la sociedad.

Tags: realidad aumentada, tormentas, dispositivos moviles

Publicado por suslab @ 17:42
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